3.
LA ELEGIDA
Cuando Ariadna colgó el teléfono ya eran las 11 de la noche. No era un horario prudente para llamar a sus hermanos. Sobre todo, porque en ese mismo instante ella ya sabía, casi exactamente, cómo se iría sucediendo todo.
A la mañana siguiente se levantó y llamó a ambos; primero Tito y luego a María. El tío Alfredo le había avisado que tenía que dejar la casa de los padres de Laura en Benito Legaré. Se había quedado viviendo ahí desde que Tina y Paco habían fallecido hacía más de cuatro años. Había estado cuidando a Tina, su hermana, durante sus últimos 6 meses de vida y cuando iba a volver a Zárate, apenas días después, falleció Paco. Alfredo se quedó viviendo ahí, en su pueblo, y a pedido de Ariadna en casa de Tina. Un poco porque había sido propuesto por Tina antes de partir y otro poco para mantener la casa en condiciones y que no quede abandonada.
Parece que Benito Legaré se puso algo complicado en los últimos tiempos, le había comentado el tío Alfredo. Siempre fue un pueblo tranquilo, pero al parecer se está llenando de extranjeros no muy recomendables, que te llevan hasta los calzones tendidos en la soga.
Daniel, el hijo del tío Alfredo, opinó que su padre ya estaba grande como para seguir viviendo solo en Benito Legaré; y por otro lado quería tenerlo cerca en, lo que serían seguramente, sus últimos años de vida donde pudiera disfrutar de sus nietos, y sentirse cuidado. Por ese motivo fue que el tío Alfredo aceptó volver a Zárate, donde vivía Daniel con su esposa e hijos.
Había entonces que viajar a Benito para desocupar la casa y ponerla en venta. Tenía que vaciar el lugar, deshacerse de lo que no sirviera, fijarse sí había cosas de importancia que quisieran resguardar, ya sea por su valor económico o sentimental. Finalmente habría que hacer todos los papeles para poner en venta la casa de su infancia y en todo caso firmar un poder a alguien de la familia, en Benito, para que se encargue de los trámites.
Parecía tarea sencilla, pero en ocasiones las cosas más sencillas pueden darnos alguna sorpresa.
Había algo en Ariadna que le suplicaba que no sea ella quien viaje, pero otra parte de sí sentía la imperiosa necesidad de hacerse presente, y cerrar todo lo que pudiera haber quedado pendiente en la ciudad de su infancia.
Tito no podía viajar porque tenía un montón de negocios que atender por esos días, “además, sí voy, me va a poder la tentación de escaparme a cazar unos Bambis, y te dejaría en banda igual”, le dijo a modo de broma y excusa; pero ella sabe que en el fondo no estaba tan lejos de la realidad. siempre le importó poco y nada la familia. María Antonia tampoco viajaría,” desde que papi y mami no están no quiero pisar ese lugar” le había dicho; ya desde que había enfermado Tina que solía decir que le daba algo de impresión.
Así las cosas, era indiscutible que la persona indicada para hacerse cargo de la situación era ella. la mayor de los 3, la más fuerte psicológicamente y la única con la disponibilidad de tiempo necesario, para hacer todos los trámites que hicieran falta para poner en venta la propiedad de la familia, en la ciudad de su infancia.
No había demasiado para pensar. Esa misma noche hablaría con Adrián y Lara para decirles lo del inminente viaje, y al día siguiente se encargaría de comenzar con el periplo para cerrar todo lo que tuviera que ver con el legado de sus padres.
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